El pasado jueves 5 de diciembre
Nelson Mandela murió en su Sudáfrica natal, tras pasar los últimos años de su vida alejado de la vida pública: “
Esta nación ha perdido un gran hijo”, dijo el actual mandatario de ese país,
Jacob Zuma, tras anunciar el fallecimiento del
Premio Nobel de la Paz, tras varios meses de agonía por padecimientos de salud.
Recordemos que Mandela estuvo en prisión por más de 27 años, cumpliendo cadena perpetua, aunque finalmente fue liberado, recibió el Premio Nobel de la Paz y fue electo democráticamente como presidente de su país. Previamente a su paso por prisión, fue líder de
Umkhonto we Sizwe, el brazo armado del Congreso Nacional Africano (CNA), y fue en este contexto, en el año 1962, que fue arrestado y condenado por sabotaje y otros cargos, a cadena perpetua.
Fue liberado a principios de 1990, y al salir trabajó junto a Frederik Willem de Klerk, por entonces presidente de Sudáfrica, con quien luchó para conseguir una democracia multirracial en Sudáfrica, la cual finalmente logró en 1994, con las primeras elecciones democráticas por sufragio universal.
Fue este trabajo, que ambos recibieron el Premio Nobel de la Paz de 1993, y entre 1994 y 1999 Mandela ejerció como presidente en su país, donde se dedico primordialmente a la reconciliación nacional en un país que había pasado siglos con sus ciudadanos divididos.